Artículo de prensa publicado en Diario Frontera (de mi autoría)
Cuando España colonizaba nuestras tierras y las bautizaba con el nombre de América, hace más de trescientos años, la corona española aprobó que ciertas órdenes religiosas cristianizaran a los moradores de la tierra encontrada. Las misiones que arribaban paulatinamente para la evangelización recibían por nombres: Agustinos, Capuchinos, Jesuitas, Dominicos, Mercedarios y Franciscanos.
San Francisco de Asís, figura que da origen a la orden de los Franciscanos, fue hijo de Pedro Bernardone y su señora Pica, una familia de aventajados recursos económicos del medioevo (siglos XII y XIII). Al nacer Francisco recibió el nombre de Juan, Juan Bernardone, pero le llamaron Francesco que significaba "el francés", pues mientras su padre viajaba por Francia, nació el futuro santo y lo conoció sólo a su regreso. Luego de una juventud aventurera y plena de lujo, Juan se encontró con su fe, renegó de su herencia e inició una vida dedicada a manifestar su cristiandad por medio de votos de pobreza, humildad, amor y obediencia. La conducta del santo sirvió como vida ejemplar y por ende trajo consigo muchos adeptos.
Los Franciscanos fueron reconocidos en 1209 por el Papa Inocencio III y, el 29 de noviembre de 1223, el Papa Honorio III por bula papal oficializó la orden. En 1657 llega a Mérida esta orden para instituirse en su Convento y Templo, el tercero levantado en la ciudad y el de mayores dimensiones, los dos primeros templos pertenecientes a Agustinos y Dominicos respectivamente. Este tipo de congregaciones llevan el epíteto de mendicantes, es decir que la norma es el voto de pobreza, el trabajo para su propia manutención o la limosna.
Los Franciscanos tuvieron distintas hermandades y divisiones dentro de sí: en principio Franciscanos de primera orden, las Clarisas (religiosas de Santa Clara) y los Terciarios (compuesta por practicantes de vida civil o laicos). La primera orden se dividió en observantes y conventuales, unos son los seguidores de San Francisco de Asís que más se apegan a las normas primitivas de la congregación, los segundos se han ajustado a las eventualidades históricas que han vivido. Los observantes en principio vivían en eremitorios, algo distintos a los conventos, eran residencias de frailes o hermanos levantadas en desiertos bajo el precepto de vida de ermitaños.
A la provincia de Venezuela llegarán inicialmente los observantes en la etapa colonial, que previamente en 1415 les es permitido formar conventos en los que alberguen frailes menores y un ministro general para seguir la norma de vida religiosa y ascética.
Decíamos que para 1657, se fundó el Templo Convento Franciscano en Mérida, "entre calles Traviesas de Lazo y Federación, longitudinal de Lora y Barrancas de Albarregas", en palabras de don Tulio Febres Cordero. Durante su existencia la edificación conoció cuatro obispos, el primero Fray Juan Ramos de Lora en 1785, un franciscano solicitado a la educación. En sus espacios se dedicaron los frailes a evangelizar y educar a los indígenas en la lengua y sistema de agricultura europea, además de enseñar gramática y latín (educación secundaria), filosofía y teología (educación superior).
También los Franciscanos fueron quienes trajeron los primeros libros impresos, obras de arte, artesanías y otras manifestaciones de la cultura europea. La construcción del Templo y Convento en Mérida, según vestigios y crónicas, sería clasificable dentro del estilo herreriano, esto es, inspirado en el arquitecto español Juan de Herrera (Siglo XVI), una edificación que poseía una marcada monumentalidad y destacada masa constructiva, sin ornamentación, una arquitectura purista, más bien geométrica y de composición uniforme.
Del monumental convento sobreviven huellas en el Museo de Arte Colonial, ocho piezas, capitel y zócalos a los que llamamos Cantos Labrados. Los cantos son piedras redondeadas por el arrastre de las aguas, y el labrado se realiza con cincel. Este tipo de material se haya compuesto de piedra arenisca, es decir una roca sedimentaria de granillos de cuarzo unidas por unas gravas de diversos tipos, original en data de antigüedad del precámbrico superior, en números: 600 a 800 millones de años. Estos cantos tienen la particularidad de estar conformados por granos de tipo fino y grueso a la vez. Mérida durante la colonia se consideró una importante zona de cantería, tanto como religiosa, con yacimientos en cabeceras de los ríos Albarregas y Chama y en los Chorros de Milla. El descubrimiento de estas piezas se le debe a Mariano Picón Picón quien de manera fortuita encontró el lítico hallazgo.
Aunque en la colonia la congregación de San Francisco desaparece de Mérida, la vitalidad y las actividades que se desarrollaban en los espacios del Templo Convento continúan. El 16 de septiembre de 1811 se reúne la primera Asamblea Constituyente de la Independencia en la ciudad de Mérida; gracias a sus dimensiones, este templo hizo de catedral mientras se erigía la futura catedral de la ciudad, es allí donde, por vez primera, ondea la bandera de Venezuela en tierra merideña, mientras se realizaba el Te Deum por parte del Obispo Santiago Milanés y la bendición a las banderas del ejército patriota.
El final del edificio Templo Convento de San Francisco ocurre al año siguiente, en 1812 durante las conmemoraciones del jueves santo, luego de la ceremonia del Lavatorio, sobreviene el terremoto que destruyó gran parte de la ciudad y la residencia de los antiguos seguidores de San Francisco. Bajo sus escombros quedaba el cuerpo del Obispo Santiago Hernández Milanés y ciento cincuenta y cinco años de historia de Mérida, desde la colonia hasta los primeros pasos de la República.
miércoles 13 de febrero de 2008
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Mérida desde temprano, 2007
Concursó en el 1er certamen (Contraste Venezuela) de la Alianza Francesa de Venezuela

2 comentarios:
Hola, muy buen blog! te felicito
Gracias!
Espero sea de utilidad, además de disfrute.
Ricardo A. Ruiz. P.
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